viernes, septiembre 04, 2015

Vinilos, el timo continúa



Hace días, hablando de las cintas de casete anuncié un post sobre el precio de los vinilos. Aquí está.

Empezaré con una batallita real. Desde mayo, servidor que no duda en definirse como comprador compulsivo de discos, con especial predilección por el vinilo, solo ha visitado dos veces su tienda habitual (no diré el nombre porque no quiero personalizar y porque lo considero común a todos y quizá no solo atribuible a las tiendas). En las dos ocasiones he salido de ella con algún CD y con ningún vinilo. Algo inaudito en mí.

Pensemos. Y adelanto que los números pueden variar ligeramente porque esto no es una tesis. Cualquiera puede fabricar un vinilo hoy en día. Las fabricaciones hoy se realizan en la República Checa porque son mucho más baratas. Pero voy a prescindir de ello. Voy a coger un presupuesto público y de aquí, como el de la web de Munster Vynil que no puede competir en precio con los checos, pero está más cerca y seguro que son más majos. 2500 €uros y tienes 1000 discos de vinilo. Fácil. Eso supone que cada disco ha salido (sin ser ninguna compañía grande ni buscar la mejor oferta, cosa que podría reducir los precios casi un 60%) a 2.5 €uros. Vamos a suponer que le pagas 1000 pavos a un diseñador por su trabajo, cosa que no sucede ni de coña en la mayoría de los casos porque son numerosas las portadas hechas por colegas o hasta por los mismos músicos. Ya vamos por 3.5 €uros de precio.

Si eres de los que vende el disco en los bolos, ya está.  Entonces tenemos que cuando vendes un disco a 20 €uros en un concierto, el grupo está ganando 16.50 €uros por cada disco. Legítimo. Es su música y tiene derecho a ganar dinero con ello, aunque pienso que vendería muchos más si lo hiciera, por ejemplo, a 15. Tampoco olvidemos que hoy en día, en la mayoría de los casos, es el músico el que se paga la grabación. Los tiempos de que te la pagara una compañía han pasado a mejor vida (con excepciones).

Pero vamos a suponer que no y al caso que me preocupa. Que eres de los que necesita distribución, promoción, etc. Tengo un presupuesto de distribución y promoción real encima de la mesa de 4000 €uros por cuatro meses. No está mal amigos distribuidores ¿eh? Eso incrementa en 4 €uros el disco. Ya tenemos 7.5 €uros. No contaré precios de IRS o códigos de barras porque son insignificantes. Entonces, cuando ese disco llega a las tiendas y se vende por 25 o 30 €uros hay un benefició de 22.5 €uros. Teniendo en cuenta que de esos discos distribuidos llegan a los artistas porcentajes irrisorios (un 10% es un sueño), alguien se está metiendo en el bolsillo 20 €uros ¿Managers? ¿Editoriales? ¿Tiendas? ¿El hombre del saco? No compro.

Nos están tomando el pelo, señores. Otra vez (ya lo hicieron con la llegada del CD). Y explicaré el porqué de mi teoría de forma muy fácil.

Cuando uno hace un CD tiene los mismos costes que con un vinilo excepto en la fabricación. Tanto en uno como en otro caso hay editoriales, distribuidores, músicos que pagar, compañías discográficas, diseñadores, etc. Lo único que varía es el precio de fabricación que igual se incrementa en 1.5 euros por copia como hemos visto (ecuación fácil, fabricar 1000 CDs ronda los 1000 €uros y 1000 vinilos los 2500). Pero aquí nos están haciendo trampas, porque ¡en ocasiones alguien gana hasta 10 veces más! Hoy en día las novedades en CD se pueden encontrar entre 12 o catorce €uros de media. Las novedades en vinilo rondan los 22. De hecho pocas bajan de los 20 y es fácil verlas en 25. Entonces me estás diciendo que por un coste de fabricación que incrementa 1.5 €uros el disco ¡me has de cargar a mi entre 8 y 10!

Lo mejor será que luego seremos nosotros,  los compradores de discos, los que nos estaremos cargando la industria.

Firmado: Un comprador de discos de vinilo tan indignado como tonto (porque sigo comprando)

PS: Ayer me llegó el nuevo vinilo de Daniel Romano. Pagué en Amazon por él 23.49 € (cuando escribo esto ha subido a 24.54 y ha bajado a 20 si lo compras en el market, que también son nuevos). El CD te lo pueden poner en casa por 17 si lo hace Amazon (7.54 menos)  y por ¡9! si lo compras en el market (11 menos). Gastos de envío incluidos en todos los casos. Que cada uno saque sus conclusiones.

Sonando: Twenty yards behind de Dr.Feelgood

jueves, septiembre 03, 2015

Esperando a Iron & Wine



Con Iron & Wine me pasa un poco como con Bonnie Prince Billy. No hay ninguno de sus discos que me llene al completo, pero en cambio me sigue interesando su música. Quizá en el caso del primero sean sus discos a medias, con Calexico y Ben Bridwell, los que más me hayan gustado. A pesar de eso, su visita a Barcelona el próximo mes de noviembre me parece una cita a destacar en el calendario.

Los conciertos (hará otro en Madrid a parte del de la ciudad condal) serán en acústico y basados, parece ser, en Archive Series Volume 1, disco de rarezas que ha editado con su propio sello y que en su mayoría corresponden a las sesiones de grabación de su primer disco, The Creek Drank The Cradle, publicado en 2002. Así que la cosa aún se pone más interesante, porque podremos escuchar, 13 años después, las canciones que acabaron dando forma a una remarcable carrera musical. Yo no faltaré.

Sonando: Promising Light de Iron & Wine

martes, septiembre 01, 2015

The Bellfuries ¿qué quieres decir exactamente?



Residen en Austin y, en contra de lo que muchos piensan, su reciente Workingman’s Bellfuries no es su disco de debut. Reconozco que si el nombre de Jimmy Sutton (Pokey LaFarge, JD McPherson…) no apareciera como productor en la contraportada del disco probablemente no les hubiera hecho ni caso. Craso error.

“Somos una banda de rock and roll” dice Joey Simeone, su líder y vocalista. Y sigue: “La gente está obsesionada con los subgéneros. Cuando en un hotel nos preguntan qué música hacemos y contestamos que rock and roll nos preguntan qué queremos decir exactamente”. Pues eso. Exactamente puro y genuino rock and roll. Del de toda la vida. Del de Buddy Holly o el Elvis de los 50. Canciones con miles de influencias, todas conocidas, pero que irremisiblemente me llevan por encima de todo a una versión contemporánea de los Everly Brothers. No me extiendo más. El mes que viene aparecerá mi reseña sobre el disco en Ruta 66. Mientras seguiré obsesionado con «Bad Seed Down», una de mis canciones del año.

Sonando: Bad Seed Down de The Bellfuries




domingo, agosto 30, 2015

Heavy Trash, histrionismo a raudales



No hace falta presentar en estas páginas al proyecto rockabilly (sic) de Jon Spencer y Matt Verta-Ray. Así que vamos al lío. La historia va de uno de esos recopilatorios a los que estamos ya tan acostumbrados en el que se mezclan temas inéditos, instrumentales que acabaron convertidos en canciones con letra y (conociendo a la pareja) idas de la olla que no extrañan nada. Mucho más inhabitual es la conjunción que acaba tenmiendo el disco, quizá porque no se aleja demasiado de lo que hasta ahora nos habían ofrecido en sus trabajos convencionales. Aquí, como siempre, hay canciones que suenan a clásicos («Wet Book», que por cierto a mi no puede recordarme más al «John Wayne» de Los Enemigos), lujuriosas disertaciones a lo Tom Waits («Good Hair»), rock and roll seminal a lo Flat Duo Jets («Back Off») o más clásico («Leave That Junk Alone») y, sobre todo, histrionismo a raudales. Pero de eso se trata o ¿esperaban algo convencional? No es lo suyo.

Reseña del disco Noir publicada en Ruta 66 nº328 

Sonando: Back Off! de Heavy Trash

viernes, agosto 28, 2015

La vuelta del casete




Volvemos al tajo con una reflexión que hace tiempo me ronda la sesera: la vuelta de la cinta de casete. Claro, le tengo cariño a mis viejas cintas. Por supuesto. Sí, las guardo. Es un tema sentimental, ya saben, pero de ahí a desear la vuelta del casete hay un mundo.

Hay quien lo compara con el revival del vinilo. No jodamos. La cinta de casete es, con diferencia el peor formato que nunca ha tenido la música en cuanto a plasmación física. Incómoda, pérdida de calidad con el paso del tiempo, roturas trágicas, calidad de sonido justita, necesidad de bolis BIC a mano, son solo algunos de sus muchos defectos. Compararlo con el vinilo es casi un insulto. La vuelta del casete es un hipsterismo en toda regla. Tener un vinilo hace que puedas disfrutar de una portada grande o de un buen sonido, por ejemplo. Tener un casete es todo lo contrario: portada doblada en siete pliegues y sonido deficiente. Nadie va a convencerme de lo contrario (ni de que me deshaga de mis viejas cintas). Desde luego no esperen que yo me gaste un chavo en una cinta de casete mientras haya otro formato. El denostado CD, por ejemplo, se me antoja a años luz. Avisados quedan.

PS: Otro día entraré a degüello con el precio de los vinilos.

Sonando: Letter to my maybe Baby de The Bellfuries