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lunes, enero 28, 2019

Austin Lucas - Immortal Americans (The Song)


Hace tiempo que no me detenía en esta sección. La última vez que lo hice fue en octubre de 2017. Además, en la mayoría de ocasiones me he dedicado a destripar temas no actuales, al menos en cuanto a su fecha de grabación. Pero es que el enganche que he tenido a lo largo de 2018 con «Immortal Americans», tema que da título al último disco de Austin Lucas, es de los que se recuerdan. Así que, allá vamos.

¿Soy solo yo el que piensa en las American Recordings de Johnny Cash en el arranque de este tema? Lucas sobre una simple guitarra habla, recita, con un leve deje melódico, la primera frase (“nunca fuimos fans de las carreras de coches”). Puro Cash. Luego ya empieza a dibujar la melodía de la estrofa, con suavidad, para acabar volviendo a recitar apenas un par de palabras, volver a la melodía y dejar que los platos de batería nos anuncien la llegada del resto de músicos y ese estribillo imbatible. Antes no ha situado en una escena tan norteamericana como lo es hablar del rugido de los motores de los coches, en lucha con el viento, y como eso desemboca en canciones escuchadas en la infancia. Si ya la melodía dibujada es preciosa en la estrofa, en la coda central todo se supera. Directamente es perfecta. Lucas canta de manera espléndida, utilizando esos sha-la-las que tanto nos recuerdan a Van Morrison y al «Mr. Jones» de los Counting Crows, para evocar a los estadounidenses inmortales, esos de los que cantaron canciones junto a sus padres, mientras las madres rezaban por ellos. Y también los que, como indica la segunda estrofa, ponían la radio de niños para escuchar a esos ídolos, después de haber pasado el día cultivando maíz o cortando piedra, los que aprendieron las viejas melodías de sus ancestros cantando en el coro de la iglesia los domingos.  Con un crescendo sonoro, constante. Los instrumentos cada vez son más y cada vez suenan más rotundos para acabar construyendo lo épico de la canción. Aunque no todo es positivo. Aquellos niños apagaron la radio y “esos himnos santos ya no eran nuestros”. Que cada uno saque sus propias conclusiones, pero yo quiero ver ahí una reivindicación del legado de los grandes ante toda la mierda que nos cae musicalmente en los medios de ¿comunicación?

No seré yo quien lleve la contraria a Austin, y seguiré escuchando a esos “immortal americans”. Aunque, si él me lo permite, y aunque suene a sacrilegio, colocaré esta canción entre las grandes de la historia del rock norteamericano. Como mínimo en lo que a este siglo se refiere.

Sonando: Immortal Americans de Austin Lucas

martes, octubre 17, 2017

Otis Gibbs - The People's Day



En 2008 dentro de la promoción del que entonces era su último disco, Mr. Love And Justice, Billy Bragg es entrevistado por el Wall Street Journal. Como mecanismo de promoción se le solicita al de Essex que haga su lista de cinco canciones “Con Algo Que Decir”. Bragg, como era de esperar, recurre a la canción social y a los clásicos. Así cita «Roll Over Beethoven» de Chuck Berry, la única apolítica, «A Change Is Gonna Come» de Sam Cooke, «I Shall Be Released» de Bob Dylan y « I'm So Bored With the USA» de The Clash. Tan solo apunta una canción más, en este caso de un artista semidesconocido, a la que se suma el interés de ser el único tema posterior a 1977 de la lista. Se trata de «The People’s Day» de Otis Gibbs.

Lleva encima la tradición” asegura Bragg de este barbudo músico oriundo de Wanamaker, Indiana. One Day Our Whispers es el título de su tercer disco, publicado en 2004 tras 49th and Melancholy (2002) y Once I Dreamed of Christmas (2003), y una frase extraída de la canción central del álbum: «The People’s Day». Tremendamente comprometido con la situación social de los que le rodean, Gibbs utiliza su voz áspera y ruda para construir tonadas con ínfulas de himnos y la canción que nos ocupa es el más evidente de todos ellos.

Construida de manera sencilla alrededor de su frase central y estribillo (“un día nuestros susurros serán más fuertes que sus gritos, el día de la gente llegará”), el tema se apoya en un colchón compuesto a base de instrumentos acústicos, en los que destacan una mandolina y un banjo que serán la guía instrumental de sus escasos dos minutos y tres segundos. Y es que Gibbs parece haberlo resumido todo en ese, excelente líricamente y fantástico en cuanto a su melodía, estribillo. Así que a partir de ahí el músico opta por enlazar su cantinela con nombres a los que admira y para los que asegura cantar (“canto una canción para ti”). No cuesta mucho desenmascarar a algunos de esos influyentes personajes. Así descubrimos a Emma Goldman, anarquista y feminista lituana, reconocida como una de las primeras mujeres que lucharon por la emancipación del peyorativamente llamado sexo débil y que aquí abre la lista. La siguen el líder sindicalista y miembro del partido Socialista de América Bill Haywood y Mary Harris “Mother” Jones, profesora de origen irlandés cofundadora de la asociación de Trabajadores Industriales del Mundo. No se olvida tampoco de Medgar Evers, secretario de campo de la Asociación Nacional para el Avance de la Gente de Color, conocido como el otro Martin Luther King y cuya muerte fue retratada en la película Ghosts of Mississippi (1996) y en la canción de Bob Dylan «Only a Pawn in Their Game» (1964). Gibbs también canta para César Chávez (no confundir con el presidente de Venezuela) líder campesino y fundador de la Asociación Nacional de Trabajadores del Campo, y Harvey Milk, activista norteamericano convertido en el primer hombre abiertamente homosexual en ser elegido para un cargo público cuando en 1977 se convirtió en miembro de la Junta de Supervisores de San Francisco. Tampoco podía olvidar a Mahatma Ghandi, el mundialmente conocido pacifista, pensador y político indio. Una sucesión de personajes esenciales para la humanidad y que aquí obtienen el reconocimiento en forma de canción. Porque el día de la gente ha de llegar.

Extracto de Political World (66rpm Edicions)

Sonando: The People's Day de Ots Gibbs

viernes, julio 21, 2017

Triana - En El Lago



No soy amante del rock sinfónico y tampoco soy un gran seguidor de sonidos flamencos, aunque haya cosas que me gusten. Pero «En El Lago» de Triana es una canción que me apasiona. Y eso que se mueve entre esos dos parámetros de estilo. Pero es que es un tema que puede llegar incluso a obsesionarme. Puedo pasar horas y horas escuchándola en bucle y no cansarme. No sé el secreto, pero me cautiva.

Incluida en el primer disco de Triana, conocido como El Patio, a pesar de no tener título originalmente, ocupa el penúltimo puesto de la cara B, un lugar nada habitual para temas importantes. A pesar de eso se convirtió sin problemas en la canción central del disco. Seis minutos y treinta y dos segundos impresionantes. Con el que considero uno de los mejores arranques de tema del rock español, si no el mejor. Y con misterio. Porque a día de hoy se sigue discutiendo si el tema habla del final de una relación, de una mujer muerta o de un viaje de LSD, teoría nada rocambolesca si se leen frases como “Ayer tarde al lago fui con la intención de conocer algo nuevo / Nos reunimos allí y todo comenzó a surgir como un sueño”. Una canción, además, muy versionada en nuestro país. Gente como Depedro con Los Coronas, Martirio, Medina Azahara, o Manolo García la han interpretado, aunque servidor prefiera la versión de A Contra Blues. Una canción indispensable. Una maravilla.

Sonando: En el lago de Triana