jueves, julio 17, 2014

The Jayhawks, cualquier tiempo pasado fue mejor




Con los Jayhawks todavía en plena gira, siguen en las redes sociales las múltiples opiniones de los que vamos viendo sus conciertos. La mía no es negativa, aunque lo parezca, sino neutra. Intentaré explicarme.

Leo reseñas en periódicos sobre la grandeza de la banda y las canciones, sobre lo bien que canta Louris, etc. Todo correcto e indiscutible pero ¿dónde están los elementos básicos de un concierto? Al menos de lo que yo entiendo por concierto. Siempre he pensado que para desplazarme a una sala a ver una banda esta me ha dar intensidad, emoción, pasión, empaque y un montón de intangibles que los discos no pueden recoger. Para oír cantar bien a Louris (o a quien sea) y escuchar bellísimas canciones, que lo son, ya tengo los plásticos y la aguja de mi equipo. Yo quiero algo más que motive a mi cada vez más gordo culo a levantarse del sofá.

Lo curioso es que, sin darse cuenta, los comentarios me dan la razón. Entre líneas  y en esas reseñas y comentarios se pueden ver calificativos para definir a la banda como “frío”, “impetérritos”, “inmóviles”, “fieles a la nota a los discos”, etc. Pues eso es precisamente lo que reclamo. Pero al acabar el bolo me doy cuenta de que soy un oasis en el desierto y eso supone que, quizá estoy equivocado. Que si vaya canciones, que si cómo canta Louris….otra vez los mismos argumentos pero ¿qué hay del bolo? Nada, de los elementos imprescindibles para mí, ninguno. Una media hora final notable y poco más. Momentos lánguidos durante toda la actuación, un mandolinista que estaba allí por guapo porque aún nadie sabe si toca bien o mal, escaso feeling entre ellos (aunque en el fondo nunca lo ha habido). Todo refuerzos para mi decisión de no ir a verlos, intentando conservar recuerdos de un pasado que siempre fue mejor, en su caso. Al final, la casualidad me tuvo allí. Y claro que disfruté de «Waiting for the sun» o de «Tailspin». Es imposible no hacerlo, pero es que también las disfruto en casa y me ahorro un dinerito. Y luego están otras bandas, como los patrios Fakeband o Widow Makers, por ejemplo, que a mí me aportan mucho más en directo. Tendrán peores canciones, cantarán peor (¿quién no?), pero sus directos no tienen comparación en cuanto a intensidad y puesta en escena con unos Jayhawks a los que me temo que hace mucho tiempo se les pasó el momento.

Por cierto, que mucha de la gente que se loaron el bolo y todo lo que habían sentido, se lo pasó hablando detrás (diría que más de media sala). Una evidente muestra de interés, claro. Yo también hablé pero tenía una excusa: me aburría. Cuando encararon esa recta final a partir del «Revolution Blues» de Neil Young dejé de hacerlo y me metí en el concierto. Algunos ni por esas. Sintomático ¿no?

Sonando: Blue de The Jayhawks

miércoles, julio 16, 2014

Childhood Home, Ben Harper y mamá pasan un buen rato juntos

Que el nuevo disco de Ben Harper fuera una grabación con su madre podía haber sido interpretado como una frivolidad. Eso sí, solo basta oír el resultado y darse una virtual vuelta por la biografía de la señora Ellen Harper para darse cuenta del error. Craso error. Y es que a Ben el amor por la música y su innata capacidad para la fusión de estilos le viene, cual galgo, de casta. Por algo sus abuelos maternos fueron los fundadores del Folk Music Center and Museum en Claremont, California. Y su progenitora ha dado suficientes y musicales razones para ser considerada una multiinstrumentista de alto caché. Ahí es donde se gesta este “Childhood home” y lo hace de la mejor manera. Desde la humildad y la sencillez. Huyendo de grandilocuencias y consiguiendo un disco de esos que dejan poso.

Partiendo de un sonido eminentemente acústico, Ben Harper recupera, de alguna manera, la sencillez y la desnudez de sus primeros trabajos apostando claramente por el folk y otros estilos considerados de raíces. Lo hace, además, a partir de una serie de canciones que remiten a su infancia, a su familia, pero consiguiendo no caer en la ñoñería.

Reseña publicada en Efe Eme (LEER RESTO)

Sonando: Altar of love de Ben & Ellen Harper

lunes, julio 14, 2014

Gran noche con Speedbuggy USA



Los angelinos Speedbuggy USA completaron en la sala Rocksound una de esas veladas que permanecerá durante mucho tiempo en la mente de los presentes. A pesar de la ausencia de la pedal steel de Greg McMullen, esencial en su último trabajo, Christos Hansen, Brady Sloan, Seth Von Paulus y ese pedazo de frontman que es Timbo (acaso lo más parecido a Mike Ness que campa por los escenarios) consiguieron reproducir las canciones del espléndido South of Bakersfeild con garantías. Escogieron con precisión las versiones, entre las que destacaron el «Drive on» de Johnny Cash, cuyo espíritu sobrevoló la pequeña sala barcelonesa toda la noche, y el clásico «Rollin’in my sweet baby arms» que acabó de poner a bailar a todo el que estaba presente. No faltaron, claro está, guiños a compañeros de ciudad y casi de ambiente como Los Lobos o The Zeros. Simpáticos, comunicativos y, sobre todo, tremendamente efectivos, el grupo es un cañón de eso que ellos definen como “stone cold country” y que a mí se me antoja como la mezcla perfecta de country, punk-rock y rock and roll. Probablemente nunca disfrutaremos de Mike Ness haciendo sus discos en solitario en una sala de pequeño aforo, pero ver a los Speedbuggy USA en directo es lo más cerca que vamos a estar. Inolvidables.

Publicado en la web de Ruta 66

Sonando: Set Em'Up de Speedbuggy USA

jueves, julio 10, 2014

Corb Lund, el falsificador del Blues



El canadiense Corb Lund era un completo desconocido para mí hasta que a finales de 2012 cayó en mis manos el espléndido Cabin Fever, un excelente álbum con lo mejor de los estilos que más me hacen disfrutar, léase rockabilly, country y blues. Invetsigando descubrí que Lund llevaba haciendo discos desde 1995, cuando debutó de manera independiente con Modern Pain. El trabajo que yo tenía en las manos suponía el octavo de una carrera en la que ninguna de sus entregas bajaba para Allmusic de las cuatro estrellas sobre cinco.

Ahora New West pone en circulación su novena referencia, Counterfeit Blues, que pasa de golpe a la cabecera de mis discos del año. Les contaré algo. He combinado la escucha de este disco con la de los nuevos trabajos de John Hiatt y John Mellencamp y ha sobrevivido con nota a la circunstancia. Porque ojo, que yo sea un inculto musical no supone que Lund sea, ni mucho menos, un desconocido. Un par de discos de oro y ¡12 premios Juno! le avalan. Así que si no se fían de mí fíense de algo tan insulso y a veces injusto como unos premios para este disco llamado, de manera acertadísima los Blues falsificados. Gran título para definir lo que encontramos en sus 12 canciones. Porque Lund parte del blues, a veces de forma casi imperceptible, para ir completando sus canciones con influencias variadas. Y ojo que hay canciones que son un cañón, como la que da título al trabajo y en la que la sombra del «Subterranean Homesick Blues» o el «Highway 61 revisited» de Dylan es alargada. O ese blues hablado al más puro estilo Woody Guthrie o Dave Dudley que es «Truck Got Stuck». Y con un trabajo de guitarras espléndido, ya sea con el reverb de «Hair in My Eyes Like a Highland Steer», con el swing de «Big Butch Bass Bull Fiddle» o con la lap-steel de «Little Foothills Heaven». Un disco espectacular, lo que yo les diga.

Sonando: Buckin' Horse Rider de Corb Lund

miércoles, julio 09, 2014

Entra Hiatt, sale White pero…



Toca cambiar de plástico del momento. Tras unas semanas con Jack White como protagonista, toca el turno del enorme John Hiatt que ha vuelto a hacer un disco tremendo, Terms of my surrender. Pero mientras hago el cambio se me ocurren una serie de preguntas que lanzo al viento ¿es tan caro hacer un vinilo como nos aseguran? ¿Es necesario que algunas novedades salgan a precios por encima de los 30 €uros? ¿Cómo se explica entonces que el disco de Jack White lleve todo lo que lleva y se pueda comprar por 20? ¿No le habrá costado nada incluir un holograma? (búsquenlo) ¿Ni que un tema empiece de forma diferente según donde coloques tu aguja? ¿O que se incluya una canción a 78 rpm? ¿Incluso que una cara vaya al revés en tu plato? A eso en marketing se le llama cuidar al cliente, que en este caso es el oyente. Y de expertos en la materia van cargadas las disqueras. Que se apliquen el cuento ¿no? Si White puede...

Sonando: Marlene de John Hiatt

martes, julio 08, 2014

Lecturalia (Junio 2014)



Toca repaso a esos volúmenes que me han hecho disfrutar este mes de junio.

Asesinato en Prado del Rey y otros cuentos. Manuel Vázquez Montalbán (94 páginas). Siempre es un placer volver a Vázquez Montalbán y reencontrarse con Pepe Carvalho. Necesario cada cierto tiempo, incluso.

Días de Ruta. Vicente Muñoz (168 páginas). Curioso volumen de este representante de zapatos que aprovecha sus ratos libres para escribir ¿prosa poética? ¿poesía en prosa?

Noé. Aronofsky /Fiandel/Henrichon (141 páginas). Cómic sobre el personaje bíblico de moda con la película en cartelera. Primer volumen de una serie corta en la que se repasa la vida del profeta de una forma más cruda.

El Nadador. Joakim Zander (429 páginas). La novela de moda justifica su condición con una trama de espionaje que te mantienen en constante tensión.

EL FIASCO DEL MES

Catálogo de formas. Nicolás Cabral (98 páginas). Este texto basado en los pensamientos de un arquitecto no me ha acabado de entrar. Esperaba más de él y me ha dejado una sensación demasiado neutra.

EL LIBRO DEL MES

Crónicas de la mafia. Íñigo Domínguez (418 páginas).  Repaso a la historia de la mafia italiana que no sólo es un ejemplo de investigación brutal sino un acto de valentía. El capítulo dedicado a Berlusconi es tan impagable como el resumen final de películas relacionadas con la Cosa Nostra.

Sonando: Angelyne de The Jayhawks