miércoles, diciembre 10, 2008

Quizá, el mejor cantante del mundo

Me horroriza ver esta foto. Fijarme en como lo encontraron. Era la voz de una generación. Algo más que el líder de los afro americanos. Algo más. Era la música. Si se ha calificado a los días en los que murieron Buddy Holly o John Lennon como el día en que murió la música ¿por qué no hacer lo mismo el día que unas balas nos dejaron sin Sam Cooke? Era el más grande. Alguien lo sabía. Y probablemente por ello decidieron quitárselo de en medio. Molestaba. Como muchos otros. o incluso más que otros. Por eso se lo cargaron. Una muerte llena de misterios sin resolver. un crimen, con todas las letras. Con culpables que nunca pagaron por sus hechos. Ni Bertha Franklin, autora material que se libró de la cárcle por actuar en defensa propia. Ni los orquestadores de tamaña vileza.

Lo que ellos no sabían es que Sam Cooke había dejado una huella demasiado grande en esta tierra. Su música. Los amantes de ella siempre le tendremos en nuestra mente. Porque era capaz de hacer cualquier cosa con la voz. Porque escribiendo estas líneas me sigue poniendo la carne de gallina. Porque me casé con una canción suya sonando cuando salía del juzgado. Y porque me hace sentir cosas que ningún otro consigue cuando oigo su voz. A algún mal nacido hay que agradecerle que nos dejaran sin él cuando sólo tenía 33 años. Un 11 de diciembre de 1964. Tal día como hoy. Era el mejor cantante que había cuando murió y quizá, sólo quizá, sigue siendo el mejor cantante que ha habido nunca.


Sonando: Having a party de Sam Cooke

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