Publicado en la web de Ruta 66.
Sonando: I shot an arrow de Murder by Death
Lo de Guadalupe Plata es fácil de explicar. Si hace unos
años (y varias decenas de posts) me preguntaba tras un concierto suyo por qué
su público se multiplicaba por momentos y el de otras propuestas similares no,
ahora lo tengo claro. Son buenos, lo que hacen lo hacen muy bien, y además
creen en ello. Decir que su nuevo disco se titula Guadalupe Plata parece de Perogrullo,
pero no crean. Igual ahí está la clave de todo, en su forma de entender sus
discos como un paso más de su carrera, una continuación del camino. Y en este
cuarto álbum siguen con esa idea. Buscan el groove, el mojo, y lo encuentran,
como casi siempre. Los andaluces son un rara avis porque siempre lo hacen. Siempre
consiguen que sus discos tengan algo que recordar. Y no, no son canciones. Porque
lo suyo no es construir hits ni temas memorables que se recuerden eternamente,
sino generar sensaciones, espíritu, blues, en definitiva. Tan fácil y tan difícil
a la vez.
Mucho menos
pretencioso de lo que su nombre indica, Le Divan Du Monde es una pequeña sala
parisina con aforo para apenas 300 personas en forma de semicírculo pero con
una acústica excelente para cualquier concierto de rock. Allí nos plantamos
servidor y pareja para comprobar como sonaban en directo los temas de unos
recuperados Mavericks cuya gira de presentación ha decidido no pasar por España
(y van…). Ante el aviso de que los conciertos en Francia empiezan a su hora,
cosa de la que podrían tomar nota los promotores patrios, iniciamos cola para
entrar en la sala 45 minutos antes del inicio de la actuación y sorprendernos
de la fauna que iba a poblar, aparentemente, el local. Sexagenarias ataviadas
con vestidos de princesa y collares de perlas se combinaban con sus señores
maridos, aún mayores, que escondían sus prominentes panzas en camisas tejanas y
ocultaban sus canas o directamente su calvicie en sombreros Stetson o pañuelos
cuyo estampado se limitaba a las consabidas barras y estrellas. Por suerte el perfil
de edad disminuyó conforme se acercaba la hora del evento y la media de edad
fue disminuyendo conforme pasaban los minutos para situarse, más o menos, en lo
habitual en esto del rock. Vamos, que los jóvenes brillaban por su ausencia,
pero de maduritos resultones habíamos unos cuantos.