miércoles, mayo 29, 2013

Manrique, los discos y Pello Artola



Impresionante entrevista la que Efe Eme le ha dedicado a Diego A. Manrique, uno de los tótems del periodismo musical patrio, en dos instructoras partes que merecen ser leídas con atención. Por fin una entrevista difícil para Diego (probablemente la otra es que le realizó Jaime Gonzalo para Ruta 66). Una oportunidad para conocer lo que opina sobre muchos temas alguien tan esencial para los que nos dedicamos a esto. Y no, no soy de los que piensan que todo lo que dice Manrique va a misa, pero sí creo que por su experiencia merece ser escuchado o leído, en este caso. Puedo discrepar en muchas cosas, aunque estoy de acuerdo en más respecto a las que disiento. Ayer me pasé buena parte de la entrevista con Xarim Aresté dándole vueltas a algunas de las cosas que la fantástica ristra de preguntas de Juan Puchades le extrae al escritor de Jinetes En La Tormenta. La que más chocó a Xarim fue cuando Diego asegura que “Se mantiene la idea de que el directo es la máxima expresión de la música popular, y discrepo totalmente: la máxima expresión es el disco. Aunque eso no te lo va a reconocer ningún artista porque, obviamente, viven del directo, pero un disco es tan merecedor de atención, de espacio y de estudio como una película”. Acojonante y a contracorriente, efectivamente.

Aresté me dio una respuesta para empezar nuestras tribulaciones si más no ingeniosa “pues lo tengo jodido Edu, porque algunos de los discos que más me gustan son en directo”. Más allá de esa ironía es interesante reflexionar sobre lo que dice Diego. Fijémonos en Dylan (¿cómo no?) por ejemplo. Sus directos, y hablamos de uno de los artistas más irascibles de la historia, han debido plegarse a tocar día sí y día también sus grandes éxitos. Rara es la noche que no suenan Blowin’, The Times o Like a Rolling Stone. Su banda está mejor o peor dependiendo del show y él, evidentemente también. El concierto se convertirá rápidamente en un recuerdo, muchas veces formado por nosotros mismos de manera subjetiva gracias a inputs ajenos a la música en sí: compañía, lugar, meteorología, estado psíquico, estado físico….eso nos construirá una reminiscencia que, con los años, se irá emborronando y recreándose de mil maneras convirtiendo el recuerdo en lo que nosotros queremos que sea.

Hace semanas leía en una contraportada de La Vanguardia que los niños no recuerdan nada anterior a los cuatro años. Está científicamente probado. Y si de adulto crees recordar algo es en base a lo que te han explicado y gracias a lo cual te has construido un recuerdo que realmente no coincide con lo que pasó. Yo, por ejemplo, recuerdo perfectamente a Pello Artola jugando en el Camp Nou cuando servidor tenía tres añitos. Pues empíricamente no puede ser. Ese recuerdo se construyó posteriormente. Y, aunque no de la misma forma, muchas de las cosas que pasan en los conciertos también. Servidor, viendo más de 50 bolos al año, no lo puede recordar todo y de todos y al final se basa en sensaciones para emitir recuerdos. Pero ¿y el disco? Ah, eso es más fácil. Para recordarlo sólo has de volverlo a pinchar. Vivo una época de escucha compulsiva de algunos discos que hacía años que no pinchaba. Recupero clásicos y los exprimo, como antes, porque ellos siempre están ahí. Son lo que dejan los músicos para la posteridad. En cambio los conciertos vienen y se van. Es más fácil recordar el último que has visto que los anteriores. Entonces ¿tiene razón Manrique? Probablemente una vez más sí, o al menos a mí me ha convencido. Eso sí ¡cómo paraba Artola!

Sonando: Heartbreak Superstar de US Rails

3 comentarios:

Félix dijo...

No he leído la entrevista a Manrique, pero en líneas generales estoy de acuerdo en que los directos habitualmente, son un pálido reflejo de los grandes discos. Evidentemente, depende del género musical y de la época. Ahora por la crisis, muchos solistas ofrecen conciertos acústicos en solitario, ofreciendo una versión diferente y muchas veces muy interesante de lo que han grabado con banda.
Además no sólo depende de tu estado de ánimo, sino también de los músicos, pues no es lo mismo arrancar una gira que acabarla, ni hacerlo ante miles de personas donde la mayoría sólo conocen el éxito de turno y van porque es una megaestrella o en un club ante seguidores de verdad.
Mi cuestionamiento va más por los discos en directo. Creo sinceramente son están muy lejos de merecer un recuerdo más allá del entusiasmo inicial. Es evidente que cuando este país estaba fuera de las grandes giras, tener un directo de los Stones, Springsteen o Purple era lo máximo, pero tenemos falsos directos como el muy reconocido "Rock n Roll Animal" del cascarrabias Reed. De hecho, todos los directos están retocados en estudio, como no puede ser de otro modo. Es verdad que el mercado de piratas existe para fanáticos, pero muchas veces son auténticas estafas.
Con la tecnología actual es posible asistir a un concierto y recibir la grabación al día siguiente la grabación previo pago. Sería un recuerdo, pero dudo que añadiese nada al curriculum del músico de turno.
En cuanto Dylan, es el ejemplo más claro, según mi experiencia, de desapego hacia su público. No se trata de que sea un jukebox, pero un saludo, un gracias, tocar el teclado y no apoyarse en él como si fuera una muleta. Vamos, no tirar su merecida fama por la borda por borde, pues él sin nosotros no es nada, nada de nada, a lo sumo un músico maldito a redescubrir.

Javier M. Sotelo dijo...

Como acontecimiento desde luego que el disco es más importante y sorprende la torpeza de los directores de las secciones "culturales" de prensa. Después..., bueno, el disco es el referente principal y la base sobre la que se construye la biografía de una banda, que es esencialmente una discografía.

Diego A. Manrique no justifica por qué el disco le parece la máxima expresión de la música popular, lo deja ahí apuntado. Quizás pueda deberse a que la madre de todas las batallas en la música pop a partir de mediados de los sesenta se da en el estudio (en alguna parte de la entrevista menciona a The Residents; difícil encontrar un ejemplo mejor) Otra clave: los Beatles dejaron de tocar en 1966, justo después de Rubber Soul y antes de poner el pop patas arriba...desde el estudio. La tecnología aquí es algo fundamental, y en casa también: a partir del momento en que se dispone de buenos (y baratos) equipos de reproducción musical el consumo de discos se dispara y la mayor parte del tiempo que dedicamos a escuchar música lo hacemos con las pantuflas puestas. Incluso ya a mediados de los sesenta se montan los primeros all-nighters alrededor de los djs: un pinchadiscos ocupa el lugar de los músicos.

Con respecto a los discos en directo, siempre me ha parecido algo extraño lo de enlatar el cuerpo a cuerpo. Otra cosa son las grabaciones hechas en estudio con los músicos interpretando simultánemente, sin overdubs, que sí creo interesantes.

bernardo de andres herrero dijo...

No soy amante de los directos. pocos pongo a menuda Cuantos recuerdos de Artola y Urruti para los Barcelonistas. vaya época dificil