miércoles, enero 22, 2014

Ignacio Julià, preguntas perdidas



Hace como un mes entrevisté a Ignacio Julià para Mondosonoro con motivo de la publicación de su último libro dedicado a Sonic Youth, en una entrevista que se puede leer en la página web de la revista. Como suele ser habitual, ahí van la mayoría de preguntas que han quedado fuera de la entrevista que son muchas e interesantes.

Prometes en el texto que te presenta en el libro que esta será tu última hagiografía. Por suerte eso sólo te excluye de lo sacro, así que no será tu último libro, ¿no?
Lo de hagiografía o vida de santos es irónico, pues pese a mi familiaridad con el grupo, creo haber sido crítico con ellos y su obra. Y, de hecho, así lo ratifican algunos lectores. Lo de que sea mi último libro es muy posible: por pura biología, ya no voy a tener otra vez la oportunidad de congeniar con un grupo de la importancia de Sonic Youth, estando ellos y yo en la treintena, y seguir su trayectoria de cerca durante 25 años, hasta su separación que, sea momentánea o no, marca un antes y un después. La misma idea de un libro, y lo digo con desolación, parece estar llegando a su fin como objeto. Así que Estragos… posiblemente será mi última biografía, aunque no descarto publicar otras cosas en el futuro.

Vamos con una de las típicas. Estragos de una juventud sónica: ¿qué se esconde tras ese título?
Creo que no esconde demasiado: se refiere a las rozagantes cicatrices de una juventud que, fisiológica que no mentalmente, quedó atrás. La banda se despidió con un gran disco, The Eternal, que les dejó en lo más alto, pero nuestra etapa de máxima actividad e incidencia, la suya y la mía, ya ha pasado. El mundo es otro, transformado por la dimensión paralela de lo digital, y mi profesión, periodista musical, deberá transformarse o desaparecer. Con 57 años, me sitúo ante ese futuro con entusiasmo, ansioso por dejarme sorprender, pero las energías ya no son las mismas. Yo no puedo conectar con las nuevas bandas como el público de su misma generación, y tampoco me satisface ahora mismo entrar en el rol de trasnochado veterano, de sabio que no lo es. Pero creo que aún tengo mucho que aportar. Ya veremos…

Es curioso leer a Ranaldo reconocer, junto a influencias más o menos esperadas como Minutemen o Meat Puppets, otras sorprendentes como Madonna. ¿Qué opinas de eso? ¿Podrán perdonárselo los fundamentalistas?
La amplitud de miras y la curiosidad sin prejuicios ha sido una de las características de Sonic Youth, una de sus virtudes. Forma parte de la falta de complejos del carácter norteamericano, una cultura mucho menos acomplejada que la nuestra, tan vieja. En cualquier caso, lo que admiraban de Madonna era algo más que música; entre otras cosas, su reconfiguración del canon femenino ante los medios y el público. Kim Gordon tomó buena nota, claro, y sin quererlo actúo madrina de las riot grrrls. Más raro se me hacía, en 1988, que Ranaldo fuese un Deadhead, aunque ahora lo comprendo perfectamente. Ambas bandas parten de la tradición, cada una de la suya propia, para extenderla hasta el infinito si eso fuese posible.

En otro momento del libro Ranaldo asegura en una declaración de 2001 que “nuestro método consiste en tocar y dejar que nos guíen las influencias del momento”. Sin embargo la banda ha mantenido una coherencia en cuanto al sonido en toda su carrera, ¿cómo es eso posible?
Se refiere a confiar en la intuición por encima de cualquier otra cosa, que creo debe ser el método de todo artista que merezca ser llamado así. Sus canciones surgían de improvisaciones en el local de ensayo, quizás basadas en un riff que alguien había aportado, pero desarrolladas colectivamente. En sus últimos tiempos, con una magistral abstracción. Otro de los aspectos que desvela el libro es que, pese a ser venerados como influyentes pioneros de la escena alternativa, en realidad fueron también muy hábiles subiéndose a diversos trenes: la no wave, el hardcore, el lo-fi, la vanguardia… Esto mantenía fresca su música incluso cuando su estilo ya había solidificado.

Sigo con Lee. Dice que “Probablemente no existiríamos sin Nueva York”. Y a la inversa, ¿sería lo mismo la música neoyorquina sin SY?
Como toda gran metrópolis, Nueva York actúo y actúa como catalizador de cada nueva propuesta expresiva que allí surga en épocas distintas, sean estas el jazz, el folk, el rock, el rap, etc. En ese sentido, Sonic Youth serían parte de una cadena histórica  formada por Velvet Underground, New York Dolls, Patti Smith, Ramones, Television, etc. Como dice Thurston Moore en el libro, Nueva York pasa por cuna del punk, pero siempre fue mucho más art-rock que punk.

Siempre se habla de Sonic Youth como padres del movimiento grunge de los noventa, sin embargo nunca te he visto muy interesado por las bandas que lo formaban. ¿Estoy en lo cierto? Si es así, ¿por qué?
Cuando el primer disco de Sonic Youth para Geffen, Goo, factura 150.000 copias, los ejecutivos del sello insisten en pedirles consejo. De hecho, en su contrato figuraba una cláusula por la que podían llevar grupos a la discográfica y alentar su fichaje, llevándose una comisión por cada fichaje. Los primeros recomendados efusivamente fueron… ¡Nirvana!, que vendieron millones y motivaron que todas las discográficas buscasen su grupo alternativo. Personalmente siempre preferí a Sonic Youth, Dinosaur Jr., Yo La Tengo, Pavement, etc., a la otra división, comercialmente más exitosa, que motivó Nirvana, es decir, Smashing Pumpkins, Soundgarden, Pearl Jam, etc. Unos provenían de Velvet Underground y el punk, los otros añadían a esa ecuación a Black Sabbath o Led Zeppelin. No era lo mío.

Es curioso que una banda finalice porque acabe algo tan vital como un matrimonio, ¿no? ¿No representa eso lo vitalista (en el sentido de trascendental) de su propuesta?
Glenn Branca compara en el libro a Sonic Youth con los Beatles, en el sentido de que son cuatro personalidades totalmente diferenciadas pero artísticamente compatibles. Por decirlo de otro modo, no se entiende a Sonic Youth sin, por ejemplo, Kim Gordon. También es cierto que habían llegado a un punto de su carrrera en que lo tenían ya casi todo dicho. Si vuelven, espero que sea como quiere Ranaldo: no sonando al pasado, sino como en toda su discografía, sonando al futuro.

SY es una banda masculina en la que la presencia de una mujer como Kim Gordon se hace esencial. ¿Cómo valoras su aportación?
Lo afirmo en el libro: Kim Gordon era el elemento más radical en Sonic Youth, por varias razones. Una, porque llegó al grupo sin prácticamente haber tocado un instrumento y nunca quiso aprender a tocarlo de modo convencional. Segundo, porque, como ella dice, al estar todavía fuera del sistema, toda mujer alberga a una anarquista. Por último, porque supo jugar con el rol de la ‘’chica de la banda’’ rompiendo tópicos, siendo atractivo sexual pero al tiempo núcleo maternal, autora de los temas más caústicos y al tiempo racionalizando lo que hacía el grupo desde la perspectiva de una artista conceptual.

¿Qué te lleva entre tantas bandas a decidir pasar unos meses de tu vida sumergido en hacer un libro sobre Sonic Youth?
Sentir una cierta responsabilidad: disponía de un material, un cuarto de siglo de entrevistas y vivencias junto a ellos, que no podía dejarse perder. Hay en España varias generaciones ya abonadas al indie-rock y los festivales, merecen y deben conocer la historia de una de las bandas que abrió camino para que el rock evolucionase. Ya hay buenos libros en inglés sobre ellos, por eso quise que la perspectiva fuese localista y personalista, pues solo explicándolo desde aquí, la conexión JFK-El Prat pasando por Granada, Madrid o el sur de Francia, y contándolo desde mi pellejo, puedo conectar profundamente con mis lectores. Espero que los haya…

2 comentarios:

Javier de Gregorio dijo...

Magnífica entrevista; estuve en la presentación del libro en Madrid y quedé sorprendido por la cercanía de Ignacio con el grupo, además de por las tablas que demostró con el entorno. El libro está en la cola (muy cercana) de mis próximas lecturas.
Saludos,
JdG

sanfreebird72 dijo...

The Eternal, el último disco de los Sonic fue mi primer álbum de los newyorkinos y de ahí tiré para atrás. Y ello gracias a Ignacio. No crecí con ellos por lo tanto, y sí con Pearl Jam pero ciertamente, su música me ha calado. Lástima no poderlos ver en vivo tras la separación del matrimonio. Te leo a diario, pero sólo dejo comentarios cuando me intersan tus posts. Juas! ;)