viernes, abril 04, 2014

Lecturalia (marzo 2014)



Vamos con el habitual repaso a los libros que servidor se ha zampado el pasado mes.

Escuchando a Dylan – Juan J. Vicedo (214 páginas). Buen libro para recordar algunas cosas sobre su dylanísima. También para aquellos que aún no se han iniciado en la “religión”. El autor transmite un montón de sensaciones personales que fluyen cuando escucha cada uno de los discos del bardo en una lectura amena y ligera.

Rock’n’Roll – Carlos Zanón (60 páginas). Dosis mensual de Zanón, esta vez con un mini volumen poético que gira alrededor de la música. Tan bueno como en él es habitual.

Billie Holiday – Muñoz/Sampayo (62 páginas). Buen comic en el que se recorre la vida de Lady Day. Dibujos tan crudos como su existencia en un volumen de 2011 que se devora en una sentada.

Los colores del underground – Joan S. Luna (187 páginas). El redactor jefe de Mondosonoro entrevistando a un montón de  nombres del llamado arte moderno. Excelente presentación, a todo color, y entrevistas amenas que, a pesar de lo repetitivo de algunas preguntas obligadas se leen con interés. Descubriéndome un nuevo mundo.

EL LIBRO DEL MES

Lost in Music, una odisea pop – Giles Smith (310 páginas). Fantástico egotrip de Smith en el que narra sus desventuras tanto como melómano como en el papel de integrante de un grupo musical que busca el éxito. Imposible no identificarse con él en un montón de pasajes.

EL FIASCO DEL MES

El guardián invisible – Dolores Redondo (440 páginas). Más frío que un témpano me ha dejado este bestseller. No he acabado de conectar con la parte mitológica de la historia y eso ha supuesto una rémora en la lectura. Aprobado sí, pero no es para tanto.

Sonando: The Pretender de Lucinda Williams

2 comentarios:

Mansion On The Hill. dijo...

El libro de Escuchando a Dylan de Juan J. Vicedo me parece un ejercio humilde, diferente y muy recomendable sobre Dylan. Creo que tanto iniciados como dylanitas de pro disfrutaran de ese libro.

Klaatu dijo...

Os aseguro que he disfrutado escribiéndolo, quizá porque suponía enfrentarme a cada canción y dejar que -como muy bien apunta Edu- fluyeran las sensaciones. De junio a septiembre de 2012, todas las tardes de ese verano... las chicharras, las puestas de sol y Bob. Nunca me planteé hacer una obra docta. Me alegra que otros podáis disfrutar el libro de ese mismo modo.
Juan J. Vicedo